Pocos restaurantes de Hamburgo tienen un carácter tan inconfundible. Los altos azulejos modernistas, la pintura del techo, el latón, la madera y los pasillos de espejos, la barra abierta y el continuo ir y venir crean una atmósfera de brasserie muy viva, que funciona igual por la mañana con un café au lait que por la noche con ostras y Chablis.
